En Colombia, la guerra no descansa. Tampoco las cifras.

n medio de un país que aún debate entre la paz total y la persistencia de los fusiles, el Ejército Nacional presentó su balance del primer trimestre de 2026. Un informe que, más allá de los números, revela una realidad cruda: el conflicto sigue vivo, mutando, adaptándose… y cobrando víctimas.

Pero también deja ver algo más: una ofensiva estatal que busca golpear las estructuras ilegales donde más les duele—sus finanzas, su capacidad armada y su control territorial.

Niños en la guerra: la herida que no cierra

Uno de los datos más contundentes —y dolorosos— es la recuperación de 11 menores de edad que habían sido reclutados por grupos armados.

Once historias que no deberían existir.

Once infancias arrebatadas que evidencian que, pese a los discursos, el reclutamiento forzado sigue siendo una práctica vigente en Colombia.

Capturas, sometimientos y bajas: el pulso militar

El balance muestra una presión operativa constante:

  • 291 capturados pertenecientes a grupos armados ilegales
  • 10 sometimientos a la justicia y una presentación voluntaria
  • 9 presuntos integrantes muertos en operaciones militares

Cifras que reflejan el pulso de una confrontación que no se detiene, pero que también plantean preguntas necesarias sobre su sostenibilidad y sus efectos en el territorio.

El arsenal incautado: la dimensión del conflicto

Las incautaciones dejan al descubierto la magnitud del poder de fuego ilegal:

  • 40 armas largas
  • 103 armas cortas
  • Más de 19.000 municiones

Cada arma decomisada es un potencial ataque evitado. Pero también una evidencia de la facilidad con la que estos grupos siguen armándose.

El narcotráfico: el corazón del problema

Donde hay coca, hay guerra.

El Ejército reportó la incautación de:

  • 194 kg de cocaína
  • 1.256 kg de marihuana

Y la destrucción de semilleros con cerca de 53.000 plántulas de coca, además de toneladas de insumos químicos.

Golpes que afectan directamente las finanzas ilegales, pero que también muestran que la economía del narcotráfico sigue siendo el combustible principal del conflicto.

Explosivos y minas: la guerra que queda bajo tierra

Uno de los aspectos más alarmantes del informe es la dimensión del riesgo explosivo:

  • 315 artefactos explosivos y minas antipersonales destruidos
  • Más de 300 kg de explosivos incautados

La guerra en Colombia no solo dispara… también se esconde bajo la tierra, esperando víctimas.

Campesinos, niños, soldados.

Cualquiera.

Sierra Nevada: entre la guerra y la vida

En medio del conflicto, también hay historias que salvan.

En la Sierra Nevada de Santa Marta, una operación humanitaria permitió rescatar a 13 indígenas, varios de ellos heridos en enfrentamientos entre grupos ilegales.

La ayuda llegó por aire.

Pero el abandono, por tierra.

Rescates y liberaciones: vidas que regresan

El informe también registra:

  • 25 personas rescatadas
  • 1 persona liberada

Cada una representa una historia que logró volver a casa en un país donde no todos corren con la misma suerte.


Golpe a las finanzas ilegales y delitos ambientales

Las acciones contra economías ilícitas también dejaron resultados:

  • Más de 13 millones de pesos incautados
  • 147 especies animales recuperadas
  • Combustible decomisado y redes de contrabando afectadas

En minería ilegal:

  • 51 máquinas inutilizadas
  • 8 dragas destruidas
  • 13 yacimientos intervenidos

La guerra también se libra contra la naturaleza.

Y la naturaleza, muchas veces, es la gran víctima silenciosa.

La pregunta de fondo

El informe muestra resultados operacionales contundentes.

Pero también deja una reflexión inevitable:

¿Está Colombia ganando la guerra… o simplemente administrando el conflicto?

Porque mientras existan economías ilegales, abandono estatal y territorios sin presencia efectiva, las cifras seguirán creciendo… en uno u otro sentido.

Conclusión: entre avances y una deuda histórica

El Ejército habla de consolidar entornos seguros.

Las comunidades, en muchos casos, aún esperan sentirlos.

Colombia sigue atrapada en una paradoja: avanza en operaciones, pero arrastra las mismas causas estructurales del conflicto.

Y en ese escenario, cada cifra —por positiva que parezca— es también un recordatorio de lo que aún falta por resolver.